Durante mi adolescencia, al igual que algunos de mis familiares, comencé a tener unos fuertes dolores de cabeza.

Con el paso de los años llegué a tener hasta tres o cuatro migrañas semanales. Y los dos o tres días que no tenía migraña vivía inmersa en una especie de niebla mental tras el intenso dolor.

Cada vez me encontraba más enferma y no disfrutaba de una buena salud.

En mis pocas visitas a los médicos estos me sugerían dejar las grasas, el estrés y no exponerme a situaciones que me pusieran nerviosa.

Lo intentaba una y otra vez. Pero no me funcionaba.

Un día viajando en tren sufrí un efecto secundario de un relajante muscular que me había indicado mi facultativo. En la ambulancia decidí que no podía continuar así.

Entonces decidí cambiar mi manera de comer, de hacer deporte, de pensar y de sentir. Cambié mi manera de vivir.

Ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Cambiar es duro. Pero lo haría una y mil veces. La meta lo vale. Una vida sin migraña.

Así que me embarcó en esta aventura bloggera para explicarte que la migraña no es una patología crónica.

Yo te explicaré como he conseguido Vivir sin migraña, ¿me quieres acompañar?

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