Solemos mirar a nuestra migraña como una enemiga a abatir.

La odias con toda tu alma.

Duele mucho y aparece cuando menos quieres que aparezca.

A veces aprietas fuerte los puños, te masajeas las sienes y lloras de rabia contra tu migraña.

En el artículo de hoy te explicaré como esta manera de pensar y sentir no te está beneficiando. También te haré entender como revertir este pensamiento en tu beneficio.

 

Tu migraña es útil

Tu migraña tiene una función, sirve para algo.

Sé que jamás te habías planteado esto pero tu cuerpo produce una migraña con un objetivo concreto: protegerte.

Cuando estás en la cocina haciendo un guiso y tocas el asa de un cazo ardiendo, se genera un fuerte dolor y, en aproximadamente 0,15 segundos, tu mano se aparta para evitar la quemadura. Este estímulo no pasa por la parte consciente de nuestro cerebro, ya que entonces sería muy lento. Imagínate si esto no fuera así, el resultado sería muy diferente: “vaya este cazo está caliente, si, parece que me estoy quemando, mejor retiro la mano” Demasiado tarde, sufrirías una quemadura de tercer grado.

Está claro pues que cuando vas a quemarte retirar la mano rápidamente es vital pero, ¿de que te sirve el dolor de la migraña ?

Pues para lo mismo que el dolor de una quemadura: para protegerte.

 

Protección

Cuando comenzaste a tener migrañas hubo un día que tuviste que enfrentarte a algo complicado.

Puede que fuera una excursión en el colegio, una pelea con tu hermano, o un examen universitario.

Y entonces te dolió la cabeza, y mucho.

Te dolió tal y como le duelen a algunos miembros de tu familia, no porque sea la migraña hereditaria, sino porque ese marcado carácter de algunos familiares no gestiona adecuadamente las situaciones estresantes o difíciles y esto desemboca en dolores de cabeza, estómago y espalda.

Y como te dolió tantísimo la cabeza decidiste (o tu madre o padre decidió por ti si eras pequeño) que era mejor que te quedarás en casa, tranquilo, si enfrentarte a aquello que te angustia.

No lo estoy juzgando. Tiene lógica. Si tu hijo lo pasa mal en esa situación evito que se exponga a esa situación para protegerlo.

Al cabo de unos días te sucedió algo similar y en ese preciso momento empezó a fijarse algo que tu cuerpo aprendió rápidamente.

El dolor te alejaba físicamente (como si de un peligroso fuego se tratase) de aquello de lo que quería protegerte.

Aprendizaje

Una de las formas de aprender algo nuevo es la repetición.

Cuando quieres estudiar el capítulo de un libro lo lees una y otra vez. O lo recitas en voz alta. O lo escribes 3 veces.

Contra más veces lo repitas, mejor lo aprendes.

Nuestras reacciones también se fijan con la repetición de experiencias.

Si tu cuerpo reacciona de determinada manera frente al estímulo (cada vez que tenga una reunión mensual con el gerente tendré migraña), esta reacción se fija cada vez que la repitas.

Es por esto que llega un punto en el que parece que cualquier cosa, situación o persona desemboca en una migraña. Tu cerebro se ha hipersensibilizado tanto que enciende el interruptor del dolor cada vez con más frecuencia y esto hace que se cree un círculo vicioso de miedo y creencias que te hace comenzar a evitar desencadenantes, pese a que estos van en aumento.

 

Desaprender

Así que si quieres hacer desaparecer tus migrañas definitivamente, una buena estrategia es hacer desaprender a tu cerebro y tu cuerpo a no reaccionar con dolor frente a estímulos no peligrosos.

A desandar el camino que anduvo hace muchos años.

Hay que enseñarle a reaccionar de manera diferente frente a otros estímulos.

Como ya te he explicado en mi artículo Di que sí, hay que exponerse a lo que tu consideras desencadenantes ( y a lo que no lo sean) sin miedo y con repetición.

Si cada vez que haces una presentación en público te da migraña. Pues te apuntas a teatro.

Si cuando discutes te duele la cabeza. Asiste a un grupo de debate.

Si un trozo de queso curado te da migraña. Cada noche cómete una cuña antes de irte a dormir.

Sé que lo que digo va en contra de todo lo que te han dicho hasta ahora: “quédate en casa, evita los desencadenantes, no te enfrentes a aquello que te estresa…”

Yo te digo lo contrario. Que mires a los ojos a aquello que más miedo te da.

Es una experiencia dura.

Es una travesía que uno debe hacer buscando sus propias estrategias (mindfulness, mentor, yoga, libros, grupos de apoyo…) pero no por difícil debe evitar hacerse.

Cada vez que te enfrentes a un desencadenante debes encontrar el interruptor que lo apague. Una herramienta que te permita subir un escalón hasta llegar al ático para poder mirar todo lo que has avanzado en tu vida.

 

Miedo

Hacer esto da miedo.

Lo sé.

He pasado por ello.

Pero enfrentarte al miedo es lo único que te permite avanzar.

Dar el salto de tu zona de confort y ver que hay vida más allá. Que hay una vida sin dolor y sin controlar lo que comes, lo que duermes o lo que haces.

Porque sé sincero contigo mismo, si evitar los desencadenantes no te funcionan, ¿por qué  lo sigues haciendo?

Si quieres tener una idea clara de lo que sucede al salir de la zona de confort te recomiendo veas este esclarecedor vídeo:

 

El miedo no puede ser un freno, sino un motor, como dice la coach Hana Kanjaa.

Esta en tu mano dar un paso adelante y perder ese miedo a vivir.

Yo pensaba que las personas que hacían cosas espectaculares (un concertista, un espedicionario, un cirujano) no tenían miedo. Pero si lo tienen, solo que no le dan el poder para dejar de hacer cosas.

Lo importante es nunca dejarle vencer.

 

Friends (amigos)

Así que me gustaría que a partir de hoy dejases de odiar tu migraña.

Empieza a mirarla como un amiga equivocada que quiere protegerte y alejarte de las cosas que pueden dañarte.

Porque cuando no sabes como enfrentarte a algo y ya no quieres ver (te molesta la luz) ya no quieres oír (te molesta el sonido) y ya no puedes digerir la vida (vomitas), ella te ayuda avisándote que algo no va bien.

La migraña no es tu enemiga, es una amiga que quiere ayudarte diciéndote que no estás haciendo las cosas bien pasándose de pesada y protectora.

Así que de alguna manera tienes que hacerle entender que no pasa nada, que tu ya puedes apañártelas solo y que te irá bien.

Nos vemos en los comentarios más abajo: ¿odias a tu migraña?¿alguna vez te planteaste que tu migraña te protege?

 

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