Hoy comienza la semana y has desperdiciado el fin de semana por culpa de una fuerte migraña.

El pasado lunes aguantaste un día horrible en el trabajo, ya que tu cliente te gritó de forma injustificada.

El martes siguiente tuviste una gran pelea con tu pareja. ¡Cuántas veces le habrás dicho que baje la basura por la noche! Pero siempre se le olvida y luego la cocina apesta.

El miércoles se te resbaló el móvil de las manos y se rompió la pantalla de tu querido y caro teléfono.

El jueves tu jefe te ordenó acabar un horrible informe con el resumen trimestral de beneficios antes del lunes.

Y por fin llega el deseado viernes.

Durante toda la semana te ha dolido la espalda, tienes los hombros tensos como una piedra y has tomado varios analgésicos. Varios días seguidos has comido en quince minutos un bocadillo de la cafetería de la esquina junto con un refresco de cola coronado con un cortado que acompañaste con dos azucarillos que te han provocado dolores de estómago.

Y cuando llega la tarde, al acabar tu jornada laboral, empiezas a ver estrellitas blancas. ¡Oh no! Ves venir una migraña de campeonato después de la semana de mierda tan complicada que has tenido.

Intentas tomarte tus pastillas, pero ya es demasiado tarde. El dolor y las náuseas comienzan a aumentar y es probable que vomites.

Pasas muy mala noche y pierdes todo el sábado tirado en la cama.

No puedes hablar y prohíbes que nadie te hable.

El dolor es tan fuerte que piensas que tienes algo grave e irreversible.

Maldices a los dioses de la mala suerte. Estás tirando todo el fin de semana a la basura.

El domingo estás pálido y resacoso. Tus pensamientos están sumergidos en una espesa niebla.

¡Y mañana hay que volver al trabajo!

Yo he pasado por esto cientos de veces. Cuando uno hace siempre lo mismo obtiene el mismo resultado:

estrés + mala alimentación + nada de ocio y deporte saludable + mala gestión emocional = migraña

Sin darte cuenta tu cuerpo te ha estado hablando flojito toda la semana.

El lunes perdiste el apetito por el horrible día en tu trabajo y, en vez de hacer un poco de deporte para generar endorfinas, eliminar el estrés y toxinas, te fuiste a casa muy enfadado y te acostaste tarde viendo la tele y dándole vueltas a las mismas ideas sin poder desconectar.

El martes tu cuerpo te seguía hablando flojito y añadió una ligera presión en los hombros. En vez de escucharle y preparar una cena romántica a tu pareja y disfrutar de una agradable velada, volcaste toda tu ira acumulada sobre ella con la excusa de que la bolsa de la basura estaba llena.

El miércoles tu cuerpo empezó a hablarte un poco más fuerte y te regaló una contractura que desequilibró todo tu cuerpo y propició la torpeza de que se te cayera el teléfono al suelo.

El jueves tu estómago te estaba chillando que debías comer algo sano y nutritivo en vez de un refresco de cola con un beiconqueso que remataste con un café mientras redactabas el informe para tu jefe. Quizás hubiera sido una buena idea hacer una escapada rápida al parque y comer una saludable ensalada de pasta con vegetales.

El viernes tu cuerpo y tu mente te dice que ya han tenido suficiente. Que no pueden más y que te reinicies como si fueras un ordenador estropeado. Que descanses y que te cuides.

Cuando tienes una migraña, aunque no te lo parezca, no sucede de un minuto para otro. Es algo acumulativo. Mis actitudes y mis pensamientos se recalentaban poco a poco y ya no los podía parar. Se disparaban y no escuchaba a mi cuerpo que me decía que tenía que frenar. Que lo más importante era yo y mi felicidad. Ni el jefe, ni la basura, ni el móvil, ni un informe.

Lo más importante era escucharme.

¿Sueles tener migraña los viernes por la tarde o el primer día de vacaciones?

 

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