Seguimos con los post de invitados en este mes de Agosto.

Hoy nos visita Montserrat Benavides. Ella es psicóloga y terapeuta corporal que ayuda a mujeres a recuperar su calma y su tranquilidad.

Conocí a Montse en un quedada de emprendedores que organizé y más tarde he podido disfrutar de una de sus clases de movimiento lúdico, en donde pude aumentar y expresar mi energía mediante el movimiento del cuerpo. Hacía días que no me reía tanto al poder moverme libremente al son de la música. 🙂

Te dejo con sus palabras:

 

Hace algunos años decidí investigar, buscar, indagar en mi misma de una manera diferente a como lo había hecho hasta ese momento. Todo lo aprendido me sirve en la actualidad para ayudar a otras personas que se encuentran en situaciones similares en este momento.

Es como si entrara a hurtadillas por la puerta de atrás. Para pillarme con las manos en la masa. Para hacer evidente aquello que para los demás lo era pero que para mis ojos estaba oculto. A pesar de que era sobre mi, sobre mi manera de actuar, de relacionarme con los demás, de mi sentir.

Tal vez te preguntes: ¿de qué me está hablando?

Te hablo de cambiar el foco de lo mental a lo corporal.

Una escucha activa de mi cuerpo y dejar en segundo plano, a mi mente.

Mi mente que todo lo tiene que reflexionar, darle unas cuantas vueltas, meditar, sopesar, analizar, controlar, y al final me desconecta de lo que siento.

Y no es que utilizar la maravillosa mente que todos tenemos sea algo para recriminar, ni mucho menos. Lo que ocurre es que cuando casi todo o todo gira entorno a la mente, olvidamos una parte nuestra, nuestro cuerpo y nuestras emociones.

TRES MOMENTOS ÉPICOS DE MI VIDA

Momentos vitales que probablemente tú tamibén hayas experimentado.

 

#1# EL NUDO DE LA ADOLESCENCIA

El primero sucedió en mi adolescencia y le voy a llamar “el nudo”.

Imagina una adolescente de 15 años, bastante tímida, hasta la fecha obtenía muy buenos resultados con facilidad en el colegio, es decir, sin hacer casi esfuerzo, y llega ese momento donde se producen cambios.

El momento en la clase en donde el profesor de Matemáticas, con muy buena intención pero un tanto ogro (elijo este porque el recuerdo es nítido), me pregunta: “¿cuánto es axb(2)?”

Me empieza a entrar un no sé qué por el cuerpo, un rubor que me sube, empiezo a hablar sin saber muy bien que digo y además está ese chico que me gusta en la otra mesa, me oigo a mí misma pero ni me entiendo.

Ofuscación total, roja como un tomate y el nudo en el estómago, que curiosamente está permanentemente allí, creo que desaparece cuando duermo, o tal vez no lo siento.

Y este nudo estuvo durante casi todo el curso, acompañado de ciertos mareos, nerviosismo e intranquilidad.

Nervios, según nos dijo el Pediatra cuando finalmente mi madre me llevó al final de curso porque apenas tenía apetito y me había adelgazado unos quilos. La única vez que me he podido poner una talla 38.

La solución médica fue tomarme unas pastillas durante unos meses para quitar el nudo de nervios.

Esta época fue la fase aguda pero, “el nudo”, fue apareciendo a lo largo de unos cuantos años cada vez que la situación en la que m encontraba la vivía con intranquilidad, inseguridad o temor.

No sabía muy bien que hacer excepto estar y pasar como pudiera a no ser que pudiera evitarla. Imagina cuantas cosas he llegado a evitar o mejor dicho de cuantas he salido corriendo.

Y aquí me pregunto: ¿cuántos adolescentes pasan por situaciones similares y nadie les explica cómo salir de esa situación o qué pueden hacer para gestionarla?

 

#2# LO QUE LE PASA A UNA PSICÓLOGA ESTUDIANTE

Final de carrera de Psicología. Sí, era el último curso y quería acabarlo ese año a toda costa.

Resumo rápido, 8 horas de trabajo en una oficina, clases por la noche y, ¿estudiar?.

¿Cuándo podía estudiar?

Los fines de semana, en el viaje del metro, es decir a duras penas llegaba a todo.

Me angustiaba porque me presentaba a los exámenes sabiendo que no había estudiado todo lo necesario.

Resultado, me desapareció la menstruación durante unos cuantos meses.

Solución, fui al ginecólogo y en esta ocasión me dijo que todo estaba bien y que simplemente cuando pasarán unos meses y me relajara todo volvería a la normalidad. Y así fue.

Me pregunto, ¿cómo puede ser que estudiando esa carrera no te expliquen cómo gestionar el estrés y haya sesiones prácticas? Que menos, ¿no?

Pues no, hay que espabilarse cada uno por su cuenta. Por lo menos en mi época, hace ya bastante tiempo.

 

#3# MODO ZOMBI AL CONVERTIRME EN MADRE

Así es como fui durante unos cuantos años después de ser mamá. Dormía poco mal.

Esto para alguien que siempre ha dormido como un tronco y puedo dar fe que se puede dormir como un tronco y que necesitaba 8 horas de sueño y, al poder ser, un poquito más, imagina.

Y a parte de notar que necesitaba dormir y tenía sueño, al principio no me daba cuenta que mi energía con el tiempo había ido bajando y mi nivel máximo era mi nivel medio-bajo de “mi vida anterior”.

Así me irritaba con facilidad y que todo o casi todo me suponía un gran esfuerzo.

Además, como tenía que llegar a todo, ya sabes “superwoman”, pues mi nivel de frustración era considerable.

Aquí la solución fue dormir más y si algo se quedaba sin hacer, se queda sin hacer. Primero lo primero.

En esta ocasión ya llevaba un tiempo reciclándome para retomar mi vocación y dejar la empresa en la que estaba. Tenía más recursos y estaba haciendo terapia.

Solo te he explicado 3 momentos épicos. Los he calificado así, por el impacto que tuvieron en mi salud y bienestar y por la duración en el tiempo.

Y sobretodo porque hasta que mi cuerpo no me habló a gritos, no me di cuenta o no fui capaz de reconocer que algo me estaba pasando.

 

¿Has tenido algún momento épico en tu vida?

He elegido estos tres, porque a un gran número de personas les ocurre algo parecido por lo que he podido ir comprobando a lo largo de estos años a través de colegas, compañeros de formación y clientes.

El estrés y la ansiedad están a la orden del día en nuestra sociedad.

Si piensas que antes de cada uno de estos momentos épicos no hubo nada, te equivocas. Hubo muchos avisos, seguramente más de los que puedo llegar a recordar: erupciones cutáneas, ligeros dolores de cabeza, opresión en el estómago, dolores cervicales, etc…

No todos a la vez, por supuesto, ni permanentemente pero si en esos momentos en los que algo me estaba pasando.

Si no escuchas los mensajes sutiles de tu cuerpo, no dudes que llegará el día en que te gritará.

 

¿En qué consiste poner el foco en el cuerpo?

El desencadenante del camino que he seguido en estos últimos 7 años fue una formación de 3 años en la que descubrí, entre otras muchas cosas, que mi cuerpo, el cuerpo:

  • es una fuente inagotable que nos habla continuamente
  • es una brújula que nos orienta y nos dice si el camino elegido es el mejor para nosotros
  • es un recurso clave para hacer cambios en nuestro estado mental y anímico

Y si me preguntas en qué consiste, te explico en que consiste para mi.

Y digo para mi, porque quiero compartir contigo mi experiencia y no porque sea más válida que otra, sino porque para cada uno es diferente y prefiero hablarte desde lo vivido y no tanto de las ideas que tengo o sobre lo que he leído.

Tu cuerpo te envía mensajes continuamente, simplemente estás viva y tienes sensaciones continuamente a nivel interno ante lo que te dices a ti misma, lo que sucede a tu alrededor, lo que hacen los demás.

  • Ese comentario de tu jefe que te hace sentir mal, insegura, enfadada…y lo notas como una leve punzada en el estómago.
  • Ese momento en el que tienes que hablar en una reunión y empiezas a encoger tu espalda ligeramente por temor.
  • La punzada en la sien cuando tu compañera de proyecto hace un comentario que no te gusta y te sientes ofendida.
  • El nudo en la garganta cuando no has dicho lo que sentías a tu pareja. Puede ser lo mucho que te gustaría estar un rato juntos o lo mucho que te ha molestado que llegue tan tarde.
  • Cuando llevas días con un sueño ligero después de aquella discusión con tu madre.
  • Cuando cada día te levantas por la mañana con la cabeza cargada.
  • Cuando se te descompone el cuerpo cuando tienes que ir a una entrevista de trabajo.

¿Cómo lo puedes hacer?

Tal vez te hayas acostumbrado a convivir con el dolor, las molestias, las migrañas, las tensiones en la espalda.

Tal vez no paras nunca y tu ritmo hace que no puedas percibir lo que sientes.

Siempre digo y seguro que lo has oído en más de una ocasión, que lo primero es darte cuenta de cómo estás para, a partir de ahí, si quieres cambiar o ya estás bien.

El primer paso es estar atento y observarte. Para ello pon tu atención a lo largo del día en esas sensaciones, en tu cuerpo.

Si has empezado a notar los primeros signos de que hay algo que te intranquiliza y tal vez lo has notado porque te falta un poco el aire o tienes una ligera tensión en la espalda, empieza por hacer algo que te ayude a salir de ahí.

La pregunta es: ¿qué me está diciendo mi cuerpo con esta migraña, con esta tensión, con este malestar en el estómago, con este dolor muscular, con este insomnio, con esta inapetencia, con esta falta de energía?

¿Es algo con lo que ya llevo tiempo?

¿Es algo que se repite en determinados momentos o ante determinadas situaciones?

¿Es desde que trabajo aquí o desde que tengo este jefe o me han ascendido?

¿Es desde que tengo esta pareja o mi relación ya no es como antes?

¿Es…?

¿Cómo te ayuda escuchar tu cuerpo?

El tener conciencia de tu cuerpo, de esas pequeñas señales que te da, en definitiva, de las sensaciones que te servirán para:

  • Detectar qué es lo que te hace sentir bien y qué no.
  • A qué sensaciones son las que tienes que prestar más atención.
  • Que situaciones son las que te oprimen y cuales te alivian.
  • Que tipo de personas son las que te desequilibras o con las que te sientes segura.
  • Minimizar el impacto negativo del hecho o situación.
  • Disfrutar intensamente en los momentos de equilibrio y armonía.

Es fantástico saber que es lo que está pasando y como no ir como barco a la deriva para poder llevar tú el timón y rectificar el rumbo cuando lo deseas.

Nos vemos en los comentarios. ¿Te animas a compartir las señales que envía tu cuerpo?

 

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