Hoy te traigo una entrevista muy especial.

La entrevistada se llama Sandra González Murga y vive en la provincia de Córdoba.

Va a compartir contigo como logró superar, no solo sus migrañas, sino también la fibromialgia que padecía.

Las bases de los patrones de dolor en ambos casos son muy parecidos y ella consiguió eliminar los dos.

Espero que te guste. Y recordarte que también puedes leer mi historia de exmigrañosa y el artículo recopilatorio con todas las entrevistas del blog en: “Ya no sufro migraña: resumen de entrevistas a exmigrañosos”.

 

Séfora: Hola. Bienvenida. Sandra tiene un proyecto muy bonito llamado Vitalizacción y una historia muy interesante que me apetecía mucho compartir con vosotros. Cuéntanos Sandra, ¿cómo era tu vida hace unos años cuando las migrañas y la fibromialgia formaban parte de tu vida?

Sandra: Recuerdo tener como procesos de enfermedad y sintomatología desde bien jovencita. De hecho, una de las cosas que más me invalidó durante mi época de adolescente y de carrera, fueron mis migrañas. La forma de tratarlas quizá no fue la adecuada y siempre digo que la vida primero te susurra, luego te habla más fuerte y sino la escuchas te chilla. Por aquel entonces mi vida y mi cuerpo ya me estaban queriendo decir algo ya que cuando tuve migraña durante tantísimos años no le supe escuchar. Pasados unos años las migrañas empezaron a gritarme y acabé sufriendo fibromialgia junto con un montón más de síntomas.

Séfora: Esa era mi siguiente pregunta, ¿Qué síntomas presenta la fibromialgia?

Sandra: Aunque tienen síntomas comunes, cada persona lo vive de una manera totalmente diferente. A cada uno se le pueden acusar ciertos síntomas más que a otros. En mi etapa sintomática tenía unas contracturas terribles. La zona de la espalda y de los hombros la tenía siempre contractura da. Sufría dolores en el brazo que me bajaban hasta la muñeca, era como si me partieran los huesos. La sensación era como si un torniquete de madera me estuviera apretando. Ese dolor lo tenía prácticamente en todas las articulaciones del cuerpo. El dolor articular era importante, y los tobillos eran una de las partes que más sufrían. Además, el dolor de cabeza era constante, no se quitaba nunca, y lo raro era un día de la semana que no me doliera la cabeza. No te sé decir cuál de estos tres era la más invalidante.

Séfora: Es que así no podrías disfrutar de la vida, estudiar.

Sandra: Claro, empecé a dejar de hacer cosas, y ya empecé a dejar de salir. Al finalizar mis estudios y comenzar a trabajar mis bajas eran constantes. El insomnio fue algo que se acusó mucho a lo largo del tiempo. También tenía muchos problemas a nivel digestivo. Sufría de un estreñimiento crónico que por más que tomara cosas no se solucionaba. Tenía ardores y hacía mal las digestiones.

Séfora: Eso es algo común en casi todos los que sufren migraña, es una tríada. Primero dolor de espalda con contracturas casi constantes, y además no somos conscientes de esa tensión constante, en mi caso yo apretaba muchísimo la mandíbula y todas las mañanas tenía dolor de oídos de mandíbula y de cuello. Segundo el dolor de estómago y por último el dolor de cabeza. Y es algo que tú también sufrías.

SANDRA: Sí, por aquel entonces lo pasaba muy mal. Además, tenía muchos problemas de piel, la tenía sequísima, se me cuarteaba y además me dolía con cualquier roce y luego la fatiga. Tenía mucha fatiga y cansancio. Llegaba un momento en que a las dos horas de levantarme, ya no podía más. Yo me decía: “por Dios que se acabe el día, si lo que yo quiero es acostarme ya”. Pero fíjate tenía pánico a acostarme porque sabía que no iba a dormir. Y entonces entré en una espiral de lamento y de dolor insufrible. Y ahí empieza toda la sintomatología a nivel mental: el estrés, la ansiedad y la hipersensibilidad emocional.

Séfora: Claro. Hay personas que sufren migraña que también tienen ansiedad, depresión y patologías que pueden provocarse al tener que gestionar tanto dolor.

Sandra: Sí, totalmente.

Séfora: Explícame Sandra, ¿cuál fue tu punto de inflexión? Ese día que te dijiste aquí tengo que hacer algo.

Sandra: Yo tuve dos puntos de inflexión importantes. Hubo un día que no se me va a olvidar nunca, porque aquel día me di cuenta que ya había tocado fondo. Después de llevar como 6 semanas de baja en casa y en la cama, porque ya no podía con mi alma. Y esto es así, no podía no solo con mi cuerpo, sino era también con mi alma. Recuerdo que me llamó mi jefa para preguntarme como estaba. Yo siempre he sido una persona positiva y optimista, pero empecé a decirle todo lo que me pasaba y me puse a llorar desesperada y le dije que no quería vivir así. Ese fue un punto de inflexión. Y me dije: “Hasta el momento todo lo que yo he probado es medicina alopática y dar vueltas de un especialista a otro. Me voy a poner a buscar otras alternativas”. Y ahí empecé a probar otro tipo de terapias. Yo vivo en Pozoblanco, un pueblecito al norte de la provincia de Córdoba. Y a mí que me agotaba ir hasta el trabajo imagínate pegarme un viaje a Madrid. Empecé a ir a un especialista del que me habían hablado y empecé con acupuntura, hidroterapia de colon, medicina natural, terapia cráneo-sacral, kinesiología…Llegaba allí por la mañana y volvía a casa por la noche hecha polvo, pero hasta el punto que luego estaba dos días en cama. Después estaba dos o tres días que dormía súper bien. Así que me ayudó mucho a regular el sueño. Estuve con este especialista un año, pero había cosas que no terminaban de mejorar. Había mejorado mucho en mis dolores de cabeza, en las contracturas, a nivel digestivo y el insomnio, pero el dolor articular no había desaparecido, lo seguía teniendo.

SÉFORA: Además de estas terapias físicas, ¿también había cambios a nivel emocional y mental?

Sandra: En ese momento no, aún me faltaba ese último escalón, puesto que aún tenía los dolores. Además, yo seguía yendo a mis médicos tradicionales. Recuerdo que, como el dolor seguía, yo estaba desesperada y entonces fui a mi reumatóloga y le dije: “quítame el dolor, no puedo más con esto, tiene que haber algo”. Entonces me dijo que con todo lo que habíamos probado, porque muchos medicamentos me daban efectos secundarios, era ponerme parches de morfina. Ese fue mi segundo punto de inflexión. Había cumplido los 30 años, ahora voy a cumplir 37, y entonces me dije: “si con esta edad ya empiezo con esto, ¿Qué futuro me espera?

SÉFORA: Es que tanto la migraña como la fibromialgia no son enfermedades mortales, pero que te impiden llevar una vida normal, son incapacitantes a nivel físico y mental. Lo que yo llamo un secuestro en vida, no te dejan vivir.

Sandra: Claro, es que yo me negué con la edad que tenía a que esa fuera mi vida. Ese punto de inflexión fue el que me abrió las puertas al desarrollo personal que a mí me ha permitido llegar al punto en el que estoy ahora. A raíz de ahí, lo que yo hice fue desintoxicarme de la medicación y un cambio de alimentación importantísimo.

SÉFORA: Me gustaría hablar contigo acerca de los conocidos como desencadenantes alimentarios: el chocolate, el vino tinto, los embutidos…¿a ti te provocaban migraña?

Sandra: Sí, totalmente.

Séfora: Y a día de hoy ya no te provocan migrañas.

Sandra: No ya no, aunque algunos no los tolero bien.

Séfora: Pero actualmente ya no tienes miedo a la comida, que es algo que muchas personas con migraña tienen. Y en vez de enfrentarse, se alejan.

Sandra: Pero yo creo que lo importante es retirarlos para darte cuenta que es lo que te sienta mal de verdad o que es a lo que tú le tienes miedo. Porque comemos tantas cosas que nos pueden sentar mal juntas que si tu no haces una restricción importante y lo empiezas a reintroducir poco a poco no vas a ser consciente de cuál es la que te está sentando mal.

Séfora: Sí. Yo creo que si tratas solo la alimentación tu migraña o tu fibromialgia no van a desaparecer, pero es un escalón que hay que subir. Cuéntame ahora en esta última parte de la entrevista como te encuentra ahora.

Sandra: A día de hoy soy una Sandra mejorada, no la que era antes. Me encuentro superenérgica. Yo me como los días. No significa que todos los días son iguales, no quiero llevar a engaño. Y yo, hay días que estoy de bajón como cualquier mortal. Y algún día de manera aislada me duele la cabeza, pero de manera aislada. Y entonces analizo porqué me ha dolido. O si después de tanto tiempo m empieza a doler el hombro analizo porqué me está doliendo. Lo que yo trabajo mucho es saber de dónde viene cada síntoma. Hay que mirarse a uno mismo como prioridad. El perfil de personas que sufrimos este síndrome en la mayoría de ocasiones no nos tenemos como prioridad.

Séfora: Así que tu hiciste eso que tienes en tu web: creer en ti y no en tu diagnóstico. Buscar las respuestas hasta encontrar la solución. ¿Qué les dirías a esas personas que te están leyendo ahora y que sufren migraña y puede que fibromialgia?

Sandra: Hay varios puntos importantes. Primero como he dicho el tema de la alimentación, ese hay que mirarlo. Otro punto es el de la autoestima, que hay que elevarla. Tú tienes que ser la prioridad, hay que quererse. Si no lo haces, el resto no va a funcionar. Eso es prioritario. Después hay que analizar hábitos porque hay determinadas cosas que son destructivas para nosotros. Como por ejemplo el deporte, las relaciones con los demás, o como se mira al mundo y al futuro. Hay que soltar el control y aprender a perdonar. Primero a nosotros y luego a los demás.

Séfora: Es una buena reflexión. En mi caso yo veía el mundo y mi día a día como una batalla, en la que siempre quería ganar. Entonces comencé a mira a la vida desde otro ángulo, no como una batalla, sino como un sitio en donde estamos todos juntos con un mismo objetivo, haciéndolo lo mejor que podemos con las herramientas de las que disponemos en ese momento.

Sandra: Y el tema de resentimientos. Hay cosas que ya no sirven. Hay que decirles adiós. Así un poco por encima es lo que yo suelo trabajar. Me meto también en la parte espiritual, que no religiosa.

Séfora: Todos tenemos nuestra creencias, y a veces hay que ver un poquito más allá.

Sandra: Sí, de hecho, hay que estudiar las creencias en general. Que nos hace vivir cada día de la manera que lo hacemos. Hay que replanteárselo todo y poner la vida patas arriba. Por eso siempre digo que el camino no es fácil. Cuesta, porque cuesta mucho luchar contra nuestras creencias, nuestros hábitos, nuestras rutinas. Porque tendemos a ser, no me gusta mucho decir esta palabra, cuadriculados. El control es el que hay que soltarlo. Y entonces cuando uno llega a un punto de paz y de coherencia consigo mismo, con lo que piensa, dice, hace y siente la salud llega.

Séfora: Totalmente de acuerdo Sandra, tienes que llevar una vida en coherencia con tus valores. Con esto último me quedo. Con dejar ir, liberarse y encontrar el equilibrio. Muchísimas gracias por contestar a mis preguntas.

Sandra: Muchísimas gracias a ti y por querer que te contara mi experiencia y ojalá que pueda ayudar a alguien.

 

Nos vemos más abajo, en los comentarios. ¿Quieres hacerle alguna pregunta a Sandra? ¿Conoces a alguien que sufra fibromialgia?

 

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