¿Cómo reaccionarías si alguien te escupiera por la calle? ¿Te parecería adecuado que alguien diera las gracias ante este acto? Pues eso fue exactamente lo que dijo uno de los grandes sabios de nuestro tiempo y sobre el que podemos reflexionar y aprender.

Si quieres saber porque agradeció esta afrenta sigue leyendo.

 

Buda

El príncipe que decidió ser mendigo

No sé si sabes que buda fue una persona que existió realmente.

No se sabe exactamente cuando nació, pero se cree que aproximadamente 500 años a.C en Nepal.

Los padres de Buda eran de la realeza con lo que Buda tenía todas las comodidades de vivir en un palacio.

Su destino como príncipe estaba escrito y su padre deseaba un heredero varón para continuar con el linaje real.

Pese a los intentos de su padre de ocultarle la crudeza de la realidad con su riqueza y buenos manjares, Buda descubrió un día como era la vida fuera de palacio. Ver la enfermedad, la vejez y la muerte con sus propios ojos dejó en él un fuerte impacto de por vida.

Debido a las insistencias de su padre de engendrar un heredero, Buda acabó teniendo un hijo varón, abandonando al bebé y a la madre en palacio el día del nacimiento del pequeño, para iniciar la búsqueda espiritual y comenzar su nueva vida mendicando por las calles.

Después de años de asceta extremo descubrió un equilibrio en sus intensas prácticas espirituales que le llevó a un momento de despertar en el que logró comprender la causa del sufrimiento y como eliminarlo, basándose en el desapego.

 

Gracias por escupirme

Un nuevo punto de vista frente a la ofensa

Cuando Buda adquirió está nueva sabiduría se dedicó a transmitirla a los discípulos que querían aprenderla.

Es por ello que compartía sus conclusiones y aprendizajes a todo aquel que quisiera escucharle.

Un día Buda se encontraba rodeado de gente deseosa de oír sus palabras, cuando un hombre se le acercó y, sin mediar palabra, le escupió en la cara.

En ese mismo momento su discípulo más cercano, llamado Ananda, enfureció e increpó al agresor. ¡Cómo podía haber escupido al gran Buda!

Entonces Buda con total serenidad se secó la cara, se dirigió al hombre y le dijo: “Gracias. Gracias por ponerme esta prueba. He podido comprobar que la ira no me domina y te agradezco por ponerme esta prueba. Mi discípulo Ananda que sí ha sido cautivo de la ira, ha tenido también un gran aprendizaje”.

El agresor que buscaba enfurecer al sabio se arrepintió de su acto y pidió perdón por el gesto.

Buda le dijo que no había nada que perdonar, puesto que él no se había disgustado y no había motivo para el perdón. Además, al igual que el agua de un río en un punto concreto, ya había pasado y ninguno de los dos eran ya la misma persona.

 

Acción- reacción

¿Las emociones te dominan o tienes tú el timón?

Muchas personas viven en el mundo como si este fuera un campo de batalla.

O estás conmigo, o contra mí. Y no pueden aceptar que el prójimo tenga un pensamiento diferente o haga las cosas de otro modo al que lo hacen ellos.

Esto solo trae sufrimiento y dolor para uno mismo y para las relaciones que mantenemos con los demás.

Las experiencias personales vividas por cada uno, llevan a las personas a desarrollar unas herramientas que les permiten hacer las cosas de la mejor manera posible.

Si luchas frente a la diferencia o a la diversidad de opiniones sólo hay una persona que va a perder la guerra: tú.

Además de esta lucha constante no dominan sus emociones y reaccionan automáticamente de forma negativa.

Muchas veces al día siguiente a estas reacciones aparece el arrepentimiento, pero al igual que al pegar los trozos de un jarrón roto, el daño ya está hecho.

 

Gracias por pisarme

Ya no reacciono inconscientemente

Cuando yo tenía migraña el mundo era un campo de batalla para mí.

Recuerdo un día en el que un hombre me pisó en el metro.

Yo me enfadé y mucho con él.

Sé que puede parecer un ejemplo tonto, pero a mí me marcó al sentir que algo se apoderaba de mí, de mis pensamientos y de mis sentimientos y me ha hecho reflexionar durante mucho tiempo.

No grité al hombre que me pisó, no le dije nada. Pero internamente la irá me inundó todo mi cuerpo.

Había tenido un día nefasto y lo último que me faltaba era que me pisarán porque un despistado no prestase atención.

Así que mi horrible día acabo peor aún y acabó con una migraña de campeonato.

Actualmente mi día a día es una prueba constante.

Yo decido que camino escoger.

O la ira, el enfado, la incomprensión y la lucha.

O el amor, la empatía y el equilibrio.

Como si pudieses escoger con que gafas miras a la vida. Con unas negras que oscurecen todo lo que ves, o con unas transparentes que te permiten ver las cosas como son realmente.

Con esto no quiero decir que aceptes la agresión física sin reaccionar, es algo más sutil, reaccionar cuando nos sentimos ofendidos, sea física o emocionalmente. Una reacción desmedida fruto de nuestra interpretación de la situación.

Así, si hoy en día si me pisan digo flojito: “Gracias”. Y pienso que esa persona no me ha pisado adrede, que ha sido un despiste y no vuelvo a pensar en ello.

Estos incidentes en mi día a día son un espejo que me enseñan mis carencias, mis aprendizajes y mis victorias.

Así que la próxima vez que alguien te ofenda, te enfade, o te provoque dolor de cabeza piensa.

¿Es esa persona la que te está ofendiendo, enfadando o provocando dolor? ¿O son tus reacciones las que te están ofendiendo, enfadando y provocando dolor?

 

Dime ahora. Si alguien te escupiera hoy, ¿le darías las gracias?

 

 

 

 

 

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