Cuando sufría migraña muchas cosas me provocaban ansiedad.

 

Y busqué consejo experto.

Ellos me decían:

 

Aléjate del estrés

Los profesionales sanitarios recomiendan, con muy buen criterio, que no te expongas a aquello que te estresa.

Tiene lógica.

Si siempre que me veo a mi primo me peleo con él a gritos y luego tengo migraña, pues dejo de ver a mi primo, no me peleo ni me estreso, y no tengo migraña.

Pero esta sencilla ecuación tiene un fallo.

No exponerte a las situaciones que te estresan es como poner un parche en una rueda pinchada en vez de repararla, ya que entonces tu umbral de tolerancia al estrés baja.

Y entonces te empiezan a estresar situaciones que antes no te afectaban, como subir con un vecino en el ascensor, ir a un restaurante nuevo, visitar en vacaciones una ciudad desconocida o cualquier mínima situación que no esté totalmente bajo tu control.

Y ahí dejas de vivir.

Dejas de hacer mil cosas puesto que el único lugar seguro es tu habitación.

A solas.

 

Superando el estrés y el miedo

Cuando yo tenía migrañas le cogí fobia al metro.

Era una situación que me estresaba mucho.

Entraba en un túnel y las manos me empezaban a sudar, mis hombros se tensaban, mi corazón y mi respiración se aceleraba y experimentaba la realidad como si estuviese viviendo un sueño, de lejos, muy lejos.

Si hubiese seguido las recomendaciones de alejarme del estímulo estresante no podría haber utilizado nunca más el metro y lo hubiera substituido por el autobús.

Entonces, según mi experiencia, el autobús también me habría empezado a generar miedo, y así en un bucle infinito.

Mi estrategia fue todo lo contrario.

Enfrentarme.

Si me generaba angustia el metro, pues me montaba dos veces.

Si me generaba angustia el ascensor, pues me olvidaba de las escaleras.

Si me generaba disconfort ir a un restaurante desconocido, pues cada semana iba con amigos a probar comida de otros países.

Mi vida social cambió radicalmente.

Decía que sí a actividades que para muchos son divertidas (restaurantes improvisados, visitas a amigos nuevos…) y para mí eran un auténtico horror.

No negaré que esto al principio fue una auténtica pesadilla todo un reto.

Las manos me seguían sudando y mi corazón palpitaba.

En los restaurantes iba cuatro veces al baño a lavarme la cara y volvía a “la batalla”.

Una batalla mental.

Pero estas experiencias no me las tomaba como un castigo.

En el fondo las disfrutaba, estaban siendo un reto que me convertirían en alguien más libre.

Para poder enfrentarme a estas situaciones empecé a utilizar diferentes herramientas:

  • Meditación: concentrarte en la respiración en esos momentos en los que estas sometido a gran ansiedad te ayuda a mantenerte equilibrado. Puedes utilizar meditaciones como esta: meditación guiada de 10 minutos.
  • Relajación muscular progresiva de Jacobson: esta técnica mediante la cual se contraen y relajan los músculos de tu cuerpo uno a uno, me permitió controlar la tensión muscular asociada. Puedes ver un vídeo aquí: técnica de relajación muscular.
  • Previsualización: antes de ir a dormir me imaginaba a mi misma experimentando lo que me estresaba de una manera tranquila y valiente. Entrenaba a mi mente para acostumbrar a mi cuerpo a las nuevas experiencias. Una y otra vez durante horas.

Poco a poco y sin darme cuenta la ansiedad fue siendo substituida progresivamente por la tranquilidad y la diversión.

Un mundo nuevo se abrió ante mí.

Un mundo que ya no me daba miedo.

Ya no tenía miedo a tener migraña en un viaje de fin de semana con amigos.

Ya no tenía miedo a que me sentase mal la comida en un restaurante oriental.

Ya no tenía miedo a desmayarme en el transporte público.

 

El miedo como motor

¿Conoces a Hanna Kanjaa?

Hanna es una coach que se quedó colgada en una peligrosa roca varias horas tras un accidente con su paracaídas mientras hacía salto base.

Tuvo que enfrentarse al miedo a caerse hasta que la rescataron.

Puedes ver aquí el relato de este accidente:

Una experiencia trascendental

Esta domadora del miedo me hizo descubrir que hay personas que se enfrentan a situaciones complicadas o que estresarían a cualquiera, como artistas, deportistas o conferenciantes, ¡y también tienen miedo como tú y como yo!

Hasta entonces yo pensaba que esas personas hacían conciertos, conferencias, y retos varios porque no tenían miedo.

Pero no es así.

Lo que hacen es usar ese miedo no como un freno, sino como un motor.

Así que cuando no haces las cosas porque tienes miedo y ya lo intentarás mañana, es una excusa.

Una excusa que no sirve.

De echo si algo te da miedo, precisamente has de ir a por ello.

Porque mediante la repetición ese miedo desaparece, como un invitado maleducado que ignoras en una fiesta.

Y el miedo va siendo substituido, poco a poco, por confianza.

Cuando salgas de tu zona de confort y te enfrentes a lo que te estresa a pesar del miedo estarás un paso más cerca en el camino de la curación de tus migrañas.

Así que ya sabes.

La próxima vez que alguien te invite a ver una película en versión original, di que sí.

La próxima vez que te inviten a ir a comer a un restaurante indio superpicante, di que sí.

La próxima vez que alguien te invite a vivir, di que sí.

Nos vemos abajo, en los comentarios ¿A que tienes miedo ahora? ¿Que te estresa?¿Actualmente usas el miedo como un motor o como un freno en tu vida?

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